Historia del hidromiel

Para entender el origen del hidromiel, hay que tomar en cuenta el contexto de la miel desde que usó como alimento habitual entre los humanos. La miel fue un alimento disponible para los cazadores-recolectores del Paleolítico, por lo que su uso puede estar estrechamente ligado a las primeras poblaciones humanas de ese periodo.

La más antigua evidencia de la recolección de miel se encuentra en las pinturas rupestres del Mesolítico de la Cueva de la Araña, en Valencia, España que datan del año 8000 al 6000 AEC. Mientras que la más antigua evidencia arqueológica de la elaboración y consumo de miel fermentada se encuentra en vasijas de cerámica que datan del 7000 AEC. descubiertas en el norte de China y que han mostrado firmas químicas consistentes con la presencia de miel, arroz y compuestos orgánicos asociados con la fermentación. (1) Pero los antropólogos están de acuerdo en su mayoría en que alrededor del 8000 AEC. el consumo de hidromiel ya era una práctica extendida entre diferentes culturas.

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Pintura rupestre del mesolítico (8000 a 6000 AEC.), en la "Cueva de la Araña" en Bicorp (Valencia). Representa a una figura femenina recolectora de miel en un panal arbóreo.

Se estima que el hidromiel se originó accidentalmente cuando la miel recolectada se mezcló con agua (ya sea de forma intencional o fortuita) y fermentó de forma espontánea por las levaduras salvajes de la miel y del ambiente, produciendo etanol.

En cambio, el origen del vino y de la cerveza se remontan al neolítico y al surgimiento de la agricultura. Las más antiguas evidencias arqueológicas de su fabricación se encuentran en Irán (5400-5000 AEC.), en el caso del vino, y en Mesopotamia (4000 AEC.) de la cerveza. A diferencia del grano y la uva, la miel es imperecedera, es decir, se conserva a través del tiempo, lo que, sumado a su color dorado, hizo que esta bebida fuera asociada al oro (metal incorruptible), al Sol y a sus significados simbólicos de eternidad.

La evidencia arqueológica más antigua de la producción de hidromiel en Europa data de la prehistoria, alrededor de 2000 AEC (2) y se basa en las muestras residuales encontradas en las cerámicas de la cultura del vaso campaniforme (2800-1800 AEC). Por ello, se considera que es la primera de las bebidas alcohólicas que consumió el hombre, siendo precursora de la cerveza y de todas las bebidas fermentadas. La presencia de marcadores de cera de abeja y ácido glucónido en combinación con otras sustancias asociadas a la fermentación se consideran evidencias conclusivas del uso de miel en bebidas fermentadas por los pueblos de la antigüedad. En Alemania, se han encontrado cuernos usados como recipientes que datan de 2100 AEC. con rastros de polen y levadura, lo que indica que se utilizaron para beber hidromiel.

Esta bebida se menciona por primera vez en los versos del Rig Vedá (el texto indoeuropeo más antiguo que existe, compuesto entre el 1700 y el 1100 AEC.), identificándose con el Soma que bebía el dios védico Indra.

He probado esta dulce bebida de la vida... Todos los dioses y mortales la buscan juntos, llamándola madhu. Las gloriosas gotas que he bebido me han liberado en un amplio espacio ... La gota que hemos bebido ha entrado en nuestros corazones; Un inmortal dentro de los mortales.

Rig Vedá, 8.48.

En inglés se conoce como mead (del anglosajón o inglés antiguo medu, proto-germánico meduz), en nórdico mjöd, los eslavos la llaman miod, los antiguos irlandeses mid, los baltos midus, en sánscrito madhu. Todas esas voces provienen del protoindoeuropeo *médhu ('hidromiel').

 

En la Grecia Clásica se llamaba melikraton y los romanos la llamaron aqua mulsum, aunque esta última era más bien vino de uva endulzado con miel para darle un sabor más acaramelado, considerándola popularmente como bebida de Dioses.

Durante la Edad de Oro de la Antigua Grecia, el hidromiel era la bebida preferida (3). Aristóteles (384–322 AEC) la mencionó en su Meteorologica mientras que Plinio el Viejo (23–79 DEC) la llamó militites en su Naturalis Historia y la diferenciaba del vino endulzado con miel. El naturalista romano-español Columella dio una receta para elaborar hidromiel en De re rustica, cerca del año 60. El propio Julio César hizo del hidromiel su bebida predilecta. Asimismo, el hidromiel tuvo un uso extensivo durante la Edad Media.

 

Antiguamente era tradición obsequiar a las parejas de recién casados una cierta cantidad de hidromiel suficiente para un ciclo lunar (28 días), pues se creía que ello aumentaba la fertilidad y las probabilidades de engendrar un hijo varón. Esta práctica es el origen de la "luna de miel".

Con el crecimiento de las civilizaciones y de los recursos agrícolas, bebidas como el vino elaborado a partir de uvas u otras frutas, y la cerveza a base de cebada y trigo adquirieron gran importancia, reemplazando al hidromiel en diferentes partes de Europa, desplazándolo especialmente a zonas del norte del continente donde las uvas eran difíciles de cultivar debido al clima frío, si bien el hidromiel siguió siendo popular hasta que el vino de uva fue importado de regiones del sur.

 

Los orígenes  de las distintas variedades de hidromiel que tenemos hoy en día se pueden rastrear en las culturas y la agricultura de la Antigüedad. La práctica de añadir hierbas amargas (gruit) al hidromiel comenzó en la Edad Media. La mezcla de uva y otros vinos de fruta con hidromiel se remonta a la época romana. Con el tiempo, los cultivos agrícolas como uvas, cereales y lúpulos, se convirtieron en los ingredientes preferidos para las bebidas alcohólicas como el vino y la cerveza.

Actualmente se está gestando un renacimiento de la fabricación y consumo de hidromiel con lo cual esta bebida está poco a poco reclamando su antigua popularidad perdida en muchas partes del mundo.

1 ↑ Odinsson, Eoghan (2010). Northern Lore: A Field Guide to the Northern Mind-Body-Spirit. p. 159. ISBN 9781452851433.

2 ↑ Jazz, Hugh (mayo 25, 2009). Usage of Honey in Ancient Europe. Durham Archaeological Society.

3 ↑ Kerenyi, Karl (1976). Dionysus: Archetypal Image of Indestructible Life. Princeton University Press. p. 35. ISBN 0-691-09863-8.